Un estudiante fue con su maestro de meditación y dijo, "¡Mi meditación es horrible! Me siento tan distraido, o me duelen las piernas, o me estoy quedando dormido constantemente. ¡Es horrible!"
"Pasará", dijo el maestro con toda naturalidad.

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Un soldado, de nombre Nobushigé, acudió a Hakuín y le preguntó: -¿Existe realmente un paraíso y un infierno?


-¿Tú quién eres? -Indagó Hakuín.
-Un samurái -respondió el otro

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Un estudiante preguntó a un maestro de zen cuánto tiempo le llevaría iluminarse.

El maestro respondió:
- Unos quince años.
- ¿Qué? – exclamó el estudiante – ¿Quince años?

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“Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?”

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Eran un anciano y un niño que viajaban con un burro. Caminaban al lado del jumento cuando atravesaban un pueblo.

Un grupo de niños se rió de ellos gritando:
- ¡Mirad qué par de tontos! De manera que tienen un burro y van los dos andando. Por lo menos el viejo podria subirse a él.

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Un sabio maestro paseaba por el bosque con su fiel discípulo, cuado vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita. Durante la caminata comentó al aprendiz sobre la importancia de conocer lugares y personas, y sobre las oportunidades de aprendizaje que nos brindan estas experiencias. La casa era de madera y sus habitantes, una pareja y sus tres hijos, vestían ropas sucias y rasgadas, y estaban descalzos.

El maestro se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia, y le dijo:

- En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio, ¿cómo hacen usted y su familia para sobrevivir?

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Un pueblo se había quedado sin juez, porque había muerto de vejez. Como no llegaba el sustituto y los casos se acumulaban, los ciudadanos decidieron nombrar como juez interino a un vecino que todos respetaban por su sabiduría y sentido de la justicia.

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Si quieres conocer a una persona, no le preguntes lo que piensa sino lo que ama.

- San Agustín

 

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Había una vez dos monjes Zen que caminaban por el bosque de regreso al monasterio. Cuando llegaron al río una mujer lloraba en cuclillas cerca de la orilla. Era joven y atractiva.

- ¿Que te sucede? – le preguntó el más anciano.

- Mi madre se muere. Ella esta sola en su casa, del otro lado del río y yo no puedo cruzar.

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Estaban dos amigos dentro de una tienda, y uno de ellos le dijo al otro:

- Salí un momento y fijate si ya salió el sol para levantarnos

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